:: Mirar profundamente en los cinco elementos

Después de haber realizado con éxito la práctica de la llamada a las Tres Joyas, el Buda, el dharma y la sangha, Shariputra recomendó a Anathapindika meditar sobre los seis sentidos. Escuchadme, mi amigo, practiquemos juntos. Respirad. Inspiro, sé que este cuerpo no es yo, no soy prisionero de este cuerpo. Estos ojos no son yo, no soy prisionero de estos ojos. Estas orejas no son yo, no soy prisionero de estas orejas. Esta nariz no es yo, no soy prisionero de esta nariz. Esta lengua no es yo, no soy prisionero de esta lengua. Este cuerpo no es yo, no soy prisionero de este cuerpo. Esta mente no es yo, no soy prisionero de esta mente.

Tenemos el hábito de identificarnos con nuestro cuerpo. Tenemos el hábito de identificarnos con nuestros ojos, pero estos ojos no son yo, soy mucho más que ellos. La noción de que somos solamente este cuerpo está profundamente arraigada en nosotros.

Este cuerpo es yo, yo soy este cuerpo. Hemos de abandonar esta noción, sino sufriremos mucho. Soy la vida, la vida es más grande, más vasta que este cuerpo, que esta idea, esta noción, que esta mente.

“Estas formaciones mentales son yo”, he ahí una idea de la que es preciso liberarse. Este miedo, esta confusión, este apego, esta cólera son yo, sí, pero yo soy mucho más que eso. En el momento de la agonía, pues, es preciso a toda costa ayudar a la persona a cesar de identificarse con su cuerpo, su mente. Como sabéis, cuerpo y mente constituyen dos de las seis bases de los sentidos, con la nariz, la lengua, el tacto. No somos prisioneros de estas bases de los sentidos, no somos prisioneros ni de nuestro cuerpo ni de nuestra mente.

La desintegración del cuerpo no es un final, es sólo el cese de una manifestación. Cuando las condiciones no son ya suficientes, la manifestación cesa. Para encender un fuego necesitáis combustible; si no hay más combustible el fuego se extingue, pero si añadís combustible, el fuego continúa. Es igual para el cuerpo, para el espíritu.

Es preciso que las condiciones sean suficientes para permitir a la manifestación continuar. Si no cesa y se manifestará de nuevo. Hay que ser libre de cuerpo y mente. Hay que liberarse de la noción de que este cuerpo es yo, que yo soy este cuerpo, que esta mente es yo y que yo soy esta mente. Entre cuerpo y mente no hay separación, no hay dualidad. Lo mental se manifiesta gracias al cuerpo, y el cuerpo se manifiesta gracias a lo mental. Cuando se dejan atrás estas nociones, se hace uno más profundo, más libre que lo mental. Este cuerpo no es yo, no estoy sujeto por este cuerpo. Esta mente, estos sentimientos no son yo, no estoy sujeto por esta mente y estos sentimientos.

Continuemos la meditación. Estas formas no son yo, no soy prisionero de estas formas. Las formas son el objeto de la vista; el contacto entre los ojos y las formas produce la vista. La vista como conciencia. Una cosa está basada sobre los elementos, los ojos y las formas. Cuando las formas reencuentran los ojos, la vista se manifiesta como facultad de percibir las imágenes y los colores. No soy esas formas. Cuando la lengua entra en contacto con la materia gustativa, la conciencia del gusto se manifiesta, se perciben los sabores gustativos. No soy eso. Yo soy libre. Estos olores no son yo, no soy prisionero de estos olores. Estos sabores no soy yo, no soy prisionero de estos sabores. Estos objetos táctiles no son yo, no soy prisionero de estos objetos táctiles. Estos pensamientos, estas nociones no son yo, no estoy preso por estos pensamientos o estas nociones.

Es una práctica indispensable para la liberación. No hay que identificarse con los órganos de los sentidos. No hay que identificarse con las seis conciencias-conocimiento: visual, auditiva, olfativa, gustativa, táctil y mental; las seis funciones de la conciencia-conocimiento. Yo soy libre. Estas conciencias se manifiestan cuando las condiciones necesarias se reúnen y cesan de manifestarse cuando no están reunidas. Es algo que se puede verificar, es un hecho científico.

Inspiro, son consciente del elemento tierra en mí. Expiro, le reconozco fuera de este cuerpo, sonrío al elemento tierra a mi alrededor, está en todo. Después reconoced el elemento fuego en vuestro cuerpo, es decir, el calor, y reconoced el elemento fuego en el mundo. Enseguida los elementos agua, aire, espacio y conciencia.

Estos elementos inter-son. Cada elemento contiene los otros cinco. Una sola cosa contiene todas las cosas. Mirad profundamente en el elemento agua, el elemento tierra, el elemento calor, el elemento aire, el elemento conciencia, el elemento espacio: cada uno contiene los otros cinco. Es la naturaleza del inter-ser de los elementos.

Mi amigo Anathapindika, las cosas aparecen y desaparecen según las causas y las condiciones. La verdadera naturaleza de las cosas es no nacer y no morir. El nacimiento y la muerte no son sino nociones, nuestra verdadera naturaleza es aquella del no-nacimiento y la no-muerte. Es preciso tocar esta naturaleza para ser libre.

Cuando este cuerpo cesa de manifestarse, no va a ninguna parte. Cuando una cosa se manifiesta como el cuerpo, la mente, se la califica de “ser”, pero esto no es justo.

Cuando una cosa no se ha manifestado todavía, se dice que “no es”, pero esto tampoco es justo. La noción “ser” o “no ser” debe ser rechazada. Estas nociones no se aplican a la realidad. Cuando se dan las condiciones, la cosa se manifiesta, vuestro cuerpo y vuestro espíritu. Es igual para las otras conciencias-conocimiento, los otros elementos, las demás bases de los sentidos.

Miremos profundamente en los cinco elementos. No hay nada que se pueda llamar ser. A causa de la ignorancia, estamos presos en las nociones y los conceptos. Pero en verdad somos libres de estas nociones; la verdadera naturaleza de la realidad es el inter-ser. Es la naturaleza de la vacuidad, la naturaleza del no-ser. Somos libres en el pasado, somos libres en el presente. Esta meditación guiada es ciertamente muy profunda, y fue ofrecida en el final de su vida a un “businessman”, a un hombre de negocios.

En este punto de la meditación, Anathapindika comenzó a llorar. Era la primera vez que tocaba la enseñanza profunda de la vacuidad, del no-ser, del inter-ser, de la naturaleza del no-nacimiento y de la no-muerte. Necesitaba esta visión profunda para no sufrir, y no había tenido jamás la ocasión de practicarla o de estudiarla. Se puso a llorar.

Sorprendido por estas lágrimas, el Venerable Ananda preguntó: Anathapindika, amigo mío, ¿por qué lloras ¿Es que añoras algo? ¿Es que no te ha servido tu práctica de la meditación guiada? Anathapindika sonrió y respondió: No, Venerable Ananda, no añoro nada, y mi práctica es un éxito, la he realizado bien. Porqué lloras entonces, preguntó Ananda. Es porque estoy muy emocionado, he servido al Buda y a la sangha durante tantos años y no he escuchado jamás una enseñanza tan profunda como esta de hoy. Es maravilloso, soy libre.

El Venerable Ananda dijo entonces: Mi amigo, no lo sabéis, pero esta clase de enseñanza se da a los monjes y a las monjas casi todos los días. Al oír esto Anathapindika dirigió su mirada hacia Ananda y le suplicó: Venerable, di al Buda, al Señor, que hay entre los laicos los que están demasiado ocupados para aprender esta enseñanza y practicarla, pero que hay gentes que son capaces de recibirla y aplicarla en su vida. Os ruego, volved con el Buda y exponedle el ruego de Anathapindika. El Venerable Ananda asintió y después de permanecer aún unos momentos con Anathapindika los dos Venerables se retiraron. El laico Anathapindika murió poco después de una manera muy apacible. Toda esta historia ha sido contada en un discurso llamada.

“Enseñanzas a los enfermos”, disponible en Plum Village.

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