:: Psicología budista y psicoterapia

(Retiro francófono, 31 marzo 2002)

Amar, para mi es primeramente, estar ahí. ¿Cómo puedes amar si no estás ahí? Por lo tanto, estar ahí es la condición fundamental del amor. Estar ahí. Y estar ahí es una práctica. “Yo estoy ahí” es una declaración, pero más que nada es una práctica. “YO” quiere decir el espíritu y el cuerpo. Hay que hacerlo de tal modo que el espíritu y el cuerpo estén juntos, para poder generar vuestra propia presencia, vuestra verdadera presencia en el instante, aquí mismo. Y eso se hace con una respiración: una inspiración y una espiración. Y todo el mundo puedo hacerlo: con una inspiración podéis generar vuestra verdadera presencia; con una espiración también y con la sangha, la comunidad de práctica, es una cosa muy fácil, todos practican la respiración consciente, por lo tanto se vuelve fácil para mí el hacer lo mismo: “yo inspiro, yo espiro” y hacerlo es muy agradable.

Durante la respiración, no soñéis con nada, no soñéis en el pasado, no soñéis en el futuro. El Buda dijo: El pasado ya no está aquí; el futuro todavía no está aquí; hay solamente un momento en el cual podéis estar realmente vivos: es el momento presente. Por lo tanto, cuando hacéis una inspiración, os liberáis del pasado, del futuro, y os instaláis firmemente en el momento presente. Por lo tanto, la inspiración es una revolución, es ya una revolución.

Inspiro, soy la inspiración: vosotros sois la inspiración, os establecéis en el aquí y el ahora. Para mi una inspiración es algo muy agradable, placentero, nutritivo, curativo. Inspiro… Con la inspiración la energía de la plena consciencia nace, la energía de la concentración nace. Y si continuáis viviendo en la concentración, tendréis visiones muy profundas de todo lo que está ahí. Y esta visión nos aporta la comprensión que nos ayuda a liberarnos de nuestro sufrimiento.

Plena consciencia, concentración, y visión profunda, son las energías que pueden ser liberadas por la práctica. Durante una semana vamos a practicar juntos la respiración consciente y el caminar en plena consciencia. Cuando hablamos es difícil practicar la respiración consciente, por lo tanto, vamos a hablar muy poco para poder tener el tiempo de practicar la respiración consciente. Hay que regocijarse en la inspiración, hay que regocijarse de nuestra espiración. Veis el cielo azul, la flor, la vegetación, el niño… hacéis una inspiración y estáis verdaderamente ahí, estáis en contacto con las maravillas de la vida en el momento presente.

Cuando caminéis, caminad en plena consciencia, caminad como una persona libre. ¿Libre de qué? Libre de arrepentimientos en lo que concierne al pasado, libre del miedo, de la ansiedad en lo que concierne al futuro. Caminad como un hombre, una mujer libre. Y cuando caminéis así, estáis en pleno contacto con las maravillas de la vida y estáis en la Tierra Pura del Buda, o en el reino de Dios. Y más adelante, podremos reorganizar nuestra vida para poder vivir así, respirar así, caminar así, comer así, mirar así.

Quisiera hablaros de momentos de libertad que podemos adquirir en la vida cotidiana. Es posible adquirir momentos de libertad en la vida cotidiana. En la vida cotidiana somos llevados por los acontecimientos. Hay una clase de energía llamada energía del hábito, que nos empuja todo el tiempo a correr, a pensar en el futuro. Y no somos libres para nada. No hablamos de libertad política aquí, hablamos de libertad en lo que concierne a nuestras energías negativas, sobre todo la energía del hábito.

La práctica nos ayuda a reconocer esta energía cuando ella aparece. Esta energía que nos empuja a correr, a apresurarnos, esta energía que nos impulsa a decir cosas que no queremos decir, esta energía que nos empuja a hacer cosas que no queremos hacer. Somos bastante inteligentes como para saber que decir una cosa así nos va a hacer mucho daño a nosotros y a la otra persona. Somos demasiado inteligentes como para no comprender que hacer una cosa así va a crear mucho daño entre nosotros y la otra persona. Pero cuando la energía del hábito está ahí, lo hacemos de todos modos, lo decimos de todos modos, para arrepentirnos más tarde.

Sé muy bien que decir una cosa así lo va a romper todo, sé que hacer una cosa así va a causar mucho daño, pero lo hago de todos modos, lo digo de todos modos, porque esta energía del hábito es muy fuerte. Por lo tanto, la práctica de la Plena Consciencia nos ayuda a reconocer esta energía del hábito cuando comienza a surgir. La respiración consciente nos va a ayudar.

Hace unos años, en la Aldea de Arriba, un joven americano practicaba con los monjes. Estuvo feliz durante varias semanas. Estaba rodeado de practicantes sólidos y la plena consciencia habitaba en cada uno en la comunidad. Un día, la sangha le pidió que fuera al pueblo Sainte Foie la Grande, para comprar unas cosas con el fin de preparar una clase de ceremonia llamada Thanks Giving en Plum Village. Y durante su estancia en Sainte Foie la Grande una energía surgió en él. Quiso hacer las cosas muy rápido para poder terminar, frenéticamente. Y durante las tres semanas en Plum Village, él no había sentido esa energía en él, pero ahora, sólo, en la ciudad, esta energía ha comenzado a surgir. Y gracias a la práctica, él reconoce que es una energía que le ha sido transmitida por su mamá, porque su mamá estaba siempre así, siempre corriendo. Y cuando él volvió a su respiración consciente, reconoció que era una energía de hábito transmitida por su madre. Así que tomó una inspiración y dijo: “Madre, sé que estás ahí”. Y de repente la energía desapareció, él se volvió tranquilo, distendido. Él sabía que sin la sangha a su alrededor, hay que practicar verdaderamente bien. Entonces, a partir de aquel momento, siguió su respiración, se mantuvo calmado durante todo este tiempo, y nos contó la historia.

Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene esa energía del hábito que nos impulsa a decir cosas, a hacer cosas que no queremos decir o hacer. Con la práctica de la plena consciencia vamos a poder reconocerla. No vamos a luchar contra esta energía. Una batalla no es necesaria. Lo que debemos hacer es sonreir a esta energía y decir hola. “Hola, energía del hábito, te he reconocido”, eso es todo. El Buda ha practicado así también. Él nos ha contado su práctica en los Sutras. Por lo tanto la respiración consciente y el caminar en plena consciencia nos ayudan mucho a generar esta energía de plena consciencia que nos va a ayudar a reconocer esta energía del hábito. Y cuando la energía del hábito es reconocida, ya no puede empujarnos a hacer las cosas que no queremos hacer.

Esta mañana, después de las enseñanzas, vamos a practicar la meditación caminando todos juntos. Y yo quisiera ofreceros algunas instrucciones sobre cómo podemos disfrutar de la meditación caminando. Caminar como una persona libre. La libertad es lo que se cultiva con la práctica. Cuando inspiro puedo hacer dos pasos o tres pasos. En cada paso digo: “Estoy en mi casa, estoy en mi casa”. Y cuando expiráis hacéis dos pasos y decís: “He llegado, ya he llegado”. Es porque en la práctica, nuestra verdadera morada es aquí y ahora. La dirección de la vida, la verdadera dirección de la vida, es aquí y ahora.

Cuando escuchamos la campana sonar, volvemos a nuestra respiración y decimos: “Escucho, escucho, este sonido maravilloso me transporta a mi verdadera morada, mi verdadera morada es el aquí y el ahora”.

Por lo tanto, cada paso debe llevaros a vuestra verdadera morada, que es el aquí y el ahora. La dirección de la Tierra Pura del Buda o el Reino de Dios es también el aquí y el ahora. Por lo tanto hay que volver a este sitio para poder tocar las maravillas de la vida que pertenecen a la Tierra Pura.

“Estoy en mi casa, estoy en mi casa, he llegado. He llegado a mi casa, que es el aquí y el ahora. He llegado al aquí y al ahora”. Y si tenéis bastante concentración en esto, la alegría va a convertirse en una realidad: Estoy en mi casa, Ya he llegado”. Y continuáis así durante unos minutos: “Inspiro, estoy en mi casa, estoy en mi casa; expiro, he llegado, ya he llegado”. Es la práctica del pararse.

La práctica de la meditación budista consiste en dos elementos: el parar y la mirada profunda. Samatha y Vipassyana. Camináis, pero ya habéis llegado. Ya no corréis más. Hemos corrido durante toda nuestra vida, hemos corrido en las vidas pasadas y hemos corrido durante todas nuestras vidas.

Es porque creemos que la felicidad no es posible en el aquí y el ahora. Es por lo que hemos continuado corriendo. Necesito otras condiciones para ser verdaderamente feliz. Esta idea, esta creencia, nos empuja a correr. La práctica consiste en pararse. Porque según la enseñanza y la práctica, las condiciones para la felicidad son suficientes en el instante presente. Si estáis verdaderamente ahí, vais a poder entrar en contacto con muchas condiciones de felicidad que ya están disponibles.

Los franceses tienen una canción, una bella canción, que dice: ¿A qué esperamos para ser felices? Es porque ahí ya están las condiciones que pueden volvernos felices. Por lo tanto, practicar el detenerse es para poder reconocer que estas condiciones están ya ahí. Más que suficientes. El Buda ha dicho esto: es posible vivir feliz en el momento presente. Ha repetido esto muchas veces, es posible vivir feliz en el instante mismo, en el momento presente.

Vivir felizmente en el momento presente. Por lo tanto la meditación budista se dirige a esta capacidad de pararse, de reconocer que las condiciones de la felicidad están ya ahí, con el fin de que podamos vivir felizmente en el instante mismo.

Practicáis el detenerse, no sólo en la meditación sentada, también practicáis el detenerse durante la comida. Entre nosotros hay personas que continúan corriendo durante la comida, ellos están ahí, comiendo, pero de hecho, continúan corriendo en su pensamiento. Por lo tanto practicar el detenerse es la práctica fundamental: hay que dejar de correr. Por lo tanto, cuando caminamos, cuando corremos o cuando caminamos muy aprisa, podemos siempre practicar el detenernos, porque cada paso nos devuelve al momento presente. “Estoy en mi casa, he llegado”. Quiere decir, que no tengo que correr más. Es todo. Lo que busco está aquí mismo, está ahora. ¿Qué es lo que busco? Busco la felicidad, busco la paz, busco la Tierra Pura, pero todo esto está disponible en el momento presente. Por lo tanto debo detenerme para entrar en contacto con estas cosas.

Y practicar la meditación caminando es regocijarse, es caminar en la Tierra Pura. Con esta energía de la plena consciencia vamos a poder tocar la Tierra Pura con cada paso que hagamos. Y cada paso nos va a procurar la estabilidad, la solidez, la libertad y la felicidad. Esto depende de nuestra forma de caminar. Andáis de tal manera que imprimís la paz, la solidez, la alegría sobre la tierra. En la sala de meditación practicamos el caminar lentamente. Cada paso va con una inspiración: “Estoy en mi casa, he llegado”, “Estoy en casa, he llegado” y es la práctica del detenerse. Y si vuestra energía de la plena consciencia es suficientemente poderosa, la alegría nace, cada paso dado de esta forma, os da la fuerza, la alegría, la estabilidad, la libertad. Os resistís a la tendencia de correr hacia el pasado o hacia el futuro. Estáis verdaderamente instalados en el momento presente. Hay solidez, hay libertad en cada acto de caminar. Y estáis sostenidos por todos los hermanos y hermanas de vuestro alrededor que están haciendo exactamente lo mismo. La energía del grupo nos va a sostener en la práctica: “Estoy en mi casa, he llegado; estoy en casa, he llegado”. Caminad como un Buda. Os he transmitido las piernas, los pies de Buda, con los cuales camináis como un Buda. Con la energía de la plena consciencia vuestras piernas se van a transformar en las piernas de Buda. Caminad como un hombre libre, como una mujer libre. Hoy mismo. “Estoy en mi casa, he llegado. Estoy en casa, he llegado” durante varios minutos.

Después de esto cambiáis, “He llegado, estoy en mi casa, aquí y ahora. No hay más que el aquí y el ahora. No hay más que el aquí, no hay más que el ahora. No hay más que el aquí. No hay más que el ahora”.

Y después de varios minutos “Soy sólido, soy libre. Soy sólido, soy libre.” Para mi no es una autosugestión, es una declaración hecha con vuestros pies porque si tenéis la energía de la plena consciencia, os volvéis libres y sólidos. Con la plena consciencia queréis cultivar al caminar esta energía de solidez, esta energía de libertad. Sois libres. ¿Libres de qué? Libres de tormentos, de arrepentimientos en lo que concierne al pasado; libres del miedo, de la ansiedad concerniendo al futuro. Estáis instalados en el momento presente, estáis en contacto con las maravillas de la vida que están disponibles, sois personas libres. Por lo tanto la práctica del detenerse es también la práctica de la libertad, y sabéis muy bien que sin libertad no hay felicidad posible. La felicidad verdadera reposa en la libertad. Libertaos de esta angustia, de este miedo, de este arrepentimiento, para poder vivir verdaderamente el momento de vuestra vida cotidiana. “Estoy en mi casa, he llegado, No hay más que el aquí, no hay más que el ahora. Soy sólido, soy libre. En la Tierra Pura me establezco, en el Reino de Dios me establezco”. Porque es ahora o nunca.

Os he dicho que para mi la Tierra Pura no es una noción abstracta. Es una realidad, todos tenemos la impresión de que las maravillas de la vida están siempre ahí. Es porque hay algo que nos impide poder entrar en contacto con estas maravillas de la vida que están en todas partes, en nosotros y alrededor de nosotros. Por lo tanto la práctica es para liberarnos de estos obstáculos con el fin de poder entrar en contacto profundo con las maravillas de la vida que nos curan, que nos transforman, que nos dan la alegría, el amor. Y es sobre esta base como podemos ayudar a los demás a sufrir menos, a restaurar su bienestar, su sonrisa.

Buda, Dios, la felicidad, están disponibles 24 horas cada día. La Tierra Pura, el Reino de Dios es nuestra felicidad, y pertenecéis a ello; están disponibles para nosotros 24 horas sobre 24. Entonces hay que practicar de modo tal que os hagáis disponibles también al reino. Supongamos que estáis allí, contemplando un amanecer magnífico. Si estáis preocupados por cosas como vuestros proyectos, o vuestra cólera, entonces no estáis verdaderamente allí. Y cando no estáis allí, el amanecer no es para vosotros. Por lo tanto, hay que estar allí, para que la Tierra Pura esté allí también al mismo tiempo. Y la práctica es estar allí. Estar allí es una práctica.

“En la Tierra Pura me establezco”. No vamos a arrepentirnos más tarde si sabemos cómo ponernos en contacto con la Tierra Pura hoy y mañana. Vamos a recitar juntos este poema:



“Estoy en mi casa, he llegado.
No hay más que el aquí y ahora.
Bien sólido, verdaderamente libre,
tomo refugio en mi mismo.
Estoy en mi casa, he llegado.
No hay más que el aquí y ahora.
Bien sólido, verdaderamente libre,
en la tierra pura me establezco”

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