:: Ser libre allí donde estés

Enseñanza de Thây en el centro correccional de Maryland, Estados Unidos. 16-10-1999

Esto es un poema que escribí durante la guerra de Vietnam. Habla de la cólera. Me gustaría pedir a la hermana Châng Không que os lo cantara, pues le ha sido puesta música por una meditante cuyo nombre es Betsy Rose quien es cantante. Escribí este poema después que la ciudad de Ben Tre, que es la ciudad natal de la hermana Châng Không fue bombardeada por la aviación americana. Un oficial americano había decidido bombardearla y destruirla a causa de la presencia de cinco o seis guerrillas en esta ciudad. Este oficial declaró más tarde que la quiso bombardear y destruir para salvarla de los comunistas. Yo caí en la cólera, y no es esto sólo la cólera de una persona, sino de una nación entera.

Cojo mi rostro con mis dos manos.
No, yo no lloro.
Cojo mi rostro con mis dos manos
para reconfortar mi soledad.
Dos manos protectoras,
dos manos que nutren,
dos manos impidiendo que mi alma
caiga en la cólera.

Es un poema sobre la cólera. La cólera es una clase de energía que os hace sufrir y que hace sufrir a las personas de vuestro entorno. Como monje, mi práctica es tal que cuando caigo en la cólera, he de cuidar mi cólera. No debéis dejar a la cólera destruiros, haceros sufrir. Hay algo que podéis hacer para aliviaros cuidando vuestra cólera. Entonces podréis vivir con gran alegría.

La energía liberadora.
Mi práctica es regresar a mi respiración para poder descubrir la cólera que hay en mí.

En primer lugar observáis una energía que llamáis la cólera. Se necesita otra clase de energía para cuidar nuestra cólera y debemos invitar a esta energía a estar allí para realizar ese trabajo. Esta segunda clase de energía es llamada la energía de la plena conciencia. En cada uno de nosotros existen las semillas de la plena conciencia y si sabemos cómo tocar esta semilla en nosotros, podremos generar esta energía de la plena conciencia y utilizarla para cuidar la cólera.

La plena conciencia es esta clase de energía que nos ayuda a estar al corriente de cuánto pasa en cada instante. Todo el mundo posee esta capacidad.

Aquellos que practican cotidianamente tienen una capacidad mayor para estar plenamente conscientes. Aquellos que no practican tienen también esta semilla en ellos, pero la energía es más débil. Si practicamos durante tres días, o cinco días, o siete días, esta energía de la plena conciencia aumenta mucho. Cuando bebéis agua y sabéis que estáis bebiéndola, esto se llama beber en plena conciencia. Durante este tiempo no pensáis en nada más. Concentráis todo vuestro ser, cuerpo y espíritu, en el agua. Hay plena conciencia, hay concentración y el acto de beber puede ser descrito como beber concienzudamente.

Bebéis con vuestra boca, pero igualmente con vuestro cuerpo y vuestra conciencia. Todo el mundo puede beber su agua en plena conciencia.

Así es como fui formado cuando novicio. Cuando camináis, lleváis toda vuestra atención sobre el acto de caminar. Sois conscientes de cada paso que dais. No pensáis en nada más. Concentráis simplemente vuestra atención sobre vuestros pasos y eso se llama caminar en plena conciencia y eso es real y maravilloso. Camináis de manera tal que cada paso os aporta solidez, libertad y alegría. Es posible allá dónde estéis.

Cada vez que debo desplazarme de un lugar a otro, siempre practico la meditación caminando, incluso si la distancia es de un metro o dos. Subiendo las escaleras, practico la meditación caminando. Descendiéndolas, practico la meditación caminando.

Subiendo a un avión, practico la meditación caminando. Trabajando en la cocina, practico la meditación caminando. No tengo otra manera de caminar y esto me ayuda mucho. Esto me aporta mucha transformación, curación y alegría. Espero que a su hora tendremos ocasión de practicar la meditación caminando juntos durante un cuarto de hora.

Cuando coméis podéis practicar la meditación de la comida en plena conciencia.

Durante la media hora de la comida, se puede tener mucha alegría y felicidad porque en mi tradición la comida es una práctica profunda. Uno se sienta en una posición estable. Se mira la comida. Con atención sonreímos a este alimento y lo miramos como un embajador del cielo y de la tierra. Cuando miro un bocado de judías, puedo ver una nube flotar. Puedo ver la lluvia. Puedo ver el sol. Puedo realizar que el bocado de judías es verdaderamente un embajador de la tierra y del cielo. Y cuando lo introduzco en la boca, tomo conciencia que son judías lo que he metido en mi boca. No introduzco otra cosa como mi tristeza, mi miedo, mi cólera, mi proyectos; y cuando mastico mi bocado de judías, sólo eso mastico. No mastico mis proyectos o mi miedo o mi cólera. Lo mastico concienzudamente implicándome al cien por cien. Me siento unido con el cielo, la tierra, con los campesinos que lo cultivaron, con las personas que cocinan.

A veces cocino yo también para ellas. Comiendo de esta manera, siento que la solidez, la libertad y la alegría son posibles y que la comida no sólo nutre mi cuerpo, sino igualmente mi alma, mi conciencia y mi espíritu. Comer es una práctica profunda. Hemos traído con nosotros algunos alimentos vegetarianos y espero tener la ocasión de compartirlos con vosotros en una comida comunitaria entre hermanos y hermanas.

Cultivar la paz.
Durante el tiempo de la posición sentada, de caminar, de comer o de trabajar al exterior, cultivamos siempre nuestra libertad, pues la libertad es aquello que practicamos todos los días. Para mí, no hay alegría sin libertad y la libertad no nos es dada por nadie. Debemos cultivarla nosotros mismos.

Compartiré con vosotros cómo aprender a tener más libertad por vosotros mismos. Independientemente de cómo o de dónde estéis, si tenéis esta libertad seréis felices. Tengo muchos amigos que han pasado enormes cantidades de tiempo en los campos de trabajos forzados y porque ellos sabían cómo practicar, no sufrieron durante este período. De hecho, ellos progresaron en su vida espiritual y estoy muy orgulloso de ellos.

Cuando hablo de libertad, quiero decir libre de sus aflicciones, de su cólera, de su desesperanza, y es así mi práctica cotidiana. Si tenéis la cólera en vosotros, debéis transformarla para reencontrar vuestra libertad, libertad frente a frente con la cólera. Si tenéis la desesperanza en vosotros, reconocéis esta energía en vosotros y no os dejáis sumergir por esta desesperanza. Debéis practicar de manera de poder transformar esta energía de desesperación y reconquistar la libertad, libertad de la desesperanza.

Esta práctica de la libertad puede ser realizada en cada momento del día; cada paso que dais os ayuda a reencontrar vuestra libertad. Cada respiración que tomáis puede ayudaros a desarrollar y a cultivar esta clase de libertad. Cuando comáis, comed como una persona libre, eso es posible. Donde estéis cuando camináis, caminad como una persona libre, eso es posible donde estéis. Cuando respiréis, respirad como una persona libre donde estéis.

Si cultiváis vuestra libertad, desarrollaréis esta clase de personalidad que podría ayudar a aquellos que viven con vosotros. Vivís en el mismo lugar que ellos, las condiciones físicas y materiales son las mismas. Y cuando sois más libres, más sólidos y para vosotros la alegría y la felicidad son posibles, las gentes están impresionadas por vuestra forma de caminar, de sentaros, de comer. Quieren ser como vosotros, es decir, no ser más víctimas de la cólera, de la frustración y de la desesperanza porque vosotros sois vuestro propio maestro. La práctica que he adoptado en tanto que monje budista es un práctica de libertad.

Recibí un pequeño libro de mi maestro cuando era novicio. Su título es: “Entrar en la libertad, manual para un novicio”.

Cuando inspiráis, sois conscientes de vuestra inspiración. Inspiro, sé que inspiro y es posible para mí aprovechar mi inspiración. Nadie puede impedirme gozar de mi inspiración. Respiro como una persona libre. Cuando espiro sé que espiro y puedo sonreír porque para mi ser vivo, se capaz de respirar así es ya un milagro. Imaginad una persona con una crisis de asma. No puede respirar libremente. Imaginad que alguien se inclina sobre su lecho de muerte. Esta persona no puede respirar libremente y pronto no habrá más respiración en ella. Pero yo estoy vivo y puedo respirar y ser consciente de mi respiración. Sonrío a mi respiración y soy consciente de que estoyvivo. Estar vivo es un milagro, el más grande de los milagros. Ser consciente de que se está con vida y respirando es realizar el milagro. Podéis realizar este milagro en no importa cuál momento de la jornada.

Estar consciente de que estáis viviendo y podéis dar un paso es un milagro. Un maestro zen muy conocido del siglo XIX, Lin Chi, dijo que el milagro no era caminar sobre el agua, sino sobre la tierra. Todo el mundo camina sobre la tierra, pero están aquellos que caminan como esclavos, sin ser libres.

Ellos son aspirados por el futuro, por el pasado. No son capaces de anclarse en el momento presente, allí donde la vida está disponible. En nuestra vida, podemos estar presos por nuestras preocupaciones, nuestras desesperanzas y nuestros proyectos. Si somos prisioneros de las añoranzas del pasado o la angustia del futuro, no seremos una persona libre. Somos incapaces de anclarnos en el momento presente.

Tocar el milagro.
Desde mi maestro, el Buda, la vida no está disponible sino en el aquí y en el ahora.

El pasado se fue y el futuro no ha venido aún. Sólo hay un momento para mí que vivir: es el momento presente. La primera cosa que debo hacer es regresar al momento presente y, haciendo esto, toco profundamente la vida. Mi inspiración es la vida, mi espiración es la vida, el paso que doy es la vida, el aire que respiro es la vida y puedo tocar el cielo azul. Puedo tocar la vegetación. Puedo escuchar el canto de los pájaros, puedo escuchar a otro ser humano. Si somos capaces de quedarnos en el momento presente, somos capaces de tocar las maravillas de la vida que están allí, disponibles. Muchos de entre nosotros pensamos que la alegría no es posible por el momento. Muchos de entre nosotros pensamos que hace falta todavía algunas condiciones suplementarias para poder ser felices. Es por eso que somos aspirados por el futuro.

No somos capaces de estar aquí en el momento presente y es por lo que pisoteamos sobre muchas de las maravillas de la vida. Si continuáis corriendo, entonces no podéis entrar en contacto con estas maravillas que os curan, os transforman y os aportan la alegría.

Sois un milagro.
Cuando tengo una naranja, me gustaría comer esta naranja como un acto de meditación.

La tengo en la palma de mi mano y la miro. Tengo tiempo para mirarla con plena conciencia. “Inspiro, hay una naranja en mi mano izquierda; espiro, sonrío a mi naranja”. Estáis realmente allí, en el aquí y en el ahora, para poder reconocer la naranja. Para mí una naranja es ni más ni menos que un milagro. Con vuestros ojos espirituales podéis ver una naranja florecer.

Podéis ver el sol y la lluvia atravesando la flor de azahar. Podéis ver la pequeña naranja bien verde y podéis ver al naranjo trabajando con el tiempo para llevarla a su tamaño actual. Ahora la naranja está entre mis manos. La miro y le sonrío y para mí es alguna clase de milagro. Cuando respiro con plena conciencia, regreso al momento presente, vivo verdaderamente y soy yo mismo un milagro.
Queridos amigos, sois un verdadero milagro. Se os ha dicho ciertamente un día que no valíais nada, pero no sois ni más ni menos que un milagro, por el hecho de que estéis allí, vivos y capaces de respirar. Contenéis el universo en vosotros y es la prueba suficiente de que sois un milagro. Os he hablado del bocado de alubias. En él está el universo entero: el sol, la lluvia, la tierra, el tiempo, el espacio, la conciencia.

Nosotros también, nosotros contenemos el universo entero. Contenemos el Reino de Dios. Contenemos la Tierra Pura del Buda en cada célula de nuestro cuerpo. Y si sabemos cómo vivir, el Reino de Dios se manifiesta en nosotros aquí y ahora. Con un solo paso podemos penetrar en el Reino de Dios. No debemos morir para entrar: de hecho debemos estar bien vivos para poder entrar. Para mí el Reino de Dios está en cada célula de nuestro cuerpo. Y el Infierno también. Está en nosotros la elección. Si regamos los gérmenes del Infierno en nosotros cada día varias veces, entonces el Infierno se vuelve para nosotros una realidad a vivir durante las veinticuatro horas. Pero si sabemos cómo regar las simientes del Reino de Dios en nosotros cada día varias veces, entonces este Reino de Dios se volverá para nosotros una realidad que vivir en cada instante de nuestra vida. Es mi experiencia. No hay un solo día en que no camine en el Reino de Dios. Debemos aprender a caminar en plena conciencia y tocar la tierra como un milagro. Esté aquí o en cualquier lugar, soy siempre capaz de caminar en la plena conciencia y el suelo debajo de mí es siempre la Tierra Pura del Buda o el Reino de Dios. Nadie puede quitarme este Reino. Para mí el Reino de Dios está aquí o no estará nunca. No está situado en el tiempo ni en el espacio sino en vuestro corazón. Si sabéis regresar al momento presente, si sabéis tocar el Reino de Dios en cada célula de vuestro cuerpo, se manifestará a vosotros aquí y ahora.

Sed libres ahora.
Debéis ejercitaros sólo un poco para poder realizarlo y necesitáis a un amigo, un hermano o una hermana para ayudaros, para ayudaros con su práctica. Cuando vemos a alguien caminar en plena conciencia y saboreando cada paso que da, estamos motivados a regresar a nosotros mismos y a realizar la misma cosa. Hay un preso que me escribió en Francia. Él decía: “Thây, he leído tus libros y me gusta mucho la meditación caminando. La hago en mi prisión. Subo las escaleras en plena conciencia y aprecio cada paso que doy. Mi vida se hace placentera después de que realizo esta práctica. Un día, estaba debajo de la escalera y veía a los otros prisioneros subir y bajar las escaleras corriendo. He visto la falta de estabilidad, de solidez, la falta de calma y de alegría. No eran capaces de caminar como yo, aprovechando cada paso que dan. Cómo me gustaría que pudieran subir y bajar las escaleras y realizar como yo los pasos, porque cada paso que doy me alimenta y me transforma.”

Si sois diez personas sabiendo cómo practicar la meditación caminando en el patio, podéis ya tener un impacto y podéis ya transformar la atmósfera de la situación. Caminar como una persona libre, caminar de tal manera que cada paso os aporte más dignidad, más estabilidad, más alegría, y entonces la compasión nacerá en vuestro corazón. Constataréis que los otros no lo hacen así. Están bajo el dominio del miedo, de la desesperanza y vosotros estáis motivados por vuestro deseo de ayudarles a aprender a vivir en el momento presente, a sentarse y a caminar como una persona libre como vosotros. Una sola persona sabiendo caminar, sentarse, comer y respirar como una persona libre, puede hacer ya un impacto en lo que le rodea. Cuando llegué a Occidente por primera vez, estaba solo. Mi objetivo era el de llamar de detener la destrucción de la vida humana en mi país. En esta época, yo practicaba la meditación caminando, la respiración consciente. En todos los lugares donde iba, propagaba esta práctica y hacía amigos. Ellos se incorporaron para ayudarme a detener las atrocidades en Vietnam. Ahora, tengo multitud de amigos que practican la plena conciencia en el mundo. Decenas de miles de personas. Cuando ellos supieron que venía aquí, me pidieron os entregara su saludo. Muchos de entre ellos practican la plena conciencia en su vida de todos los días y son capaces de transformar su vida y nutrir su compasión, su perdón. Son capaces de crear la alegría alrededor de ellos. Les ayudan a no más sufrir.

Caminar como una persona libre.
Esta mañana, cuando he llegado aquí y he entrado en el recinto de esta prisión, he caminado también con mucha atención y he observado que la cualidad del aire es exactamente la misma que en el exterior.

Cuando he mirado el cielo tenía la misma cualidad que el cielo en el exterior. Cuando he mirado la hierba y las flores, eran exactamente las mismas. Los pasos que yo daba me aportaban la misma cualidad de solidez y de libertad. Pues nada nos impide practicar con éxito y aportarnos mucha libertad y solidez. Cuando inspiráis, podéis dar dos o tres pasos y podéis invocar el nombre de alguien que améis, alguien que os aporte la frescura, la compasión y el amor. A cada paso, decid su nombre. Suponed que su nombre es David. Cuando inspiro, avanzo dos pasos y llamo dulcemente: “David, David”. Cuando digo así su nombre, podría estar conmigo y caminar al mismo tiempo que yo. Camino en la paz y la libertad de manera que David camina también conmigo en la paz y la libertad. Cuando espiro, avanzo también dos pasos y digo: “Estoy allí, estoy allí”. No sólo David está allí para mí, sino que también yo estoy allí para él. “David, David, estoy allí, estoy allí”. Concentraos íntegramente en el acto de caminar y de respirar. Vuestro espíritu no piensa en nada más.

Podéis invocar el nombre de la Tierra. “Tierra, Tierra, estoy allí, estoy allí”. La Tierra es nuestra madre y siempre está allí para vosotros. La Tierra me ha engendrado, me ha dado vida y ella me recibirá y me hará nacer un número incalculable de veces todavía. Entonces, cuando llamo: “Tierra, Tierra”, llamo a mi plena conciencia que es la base de mi ser. “Estoy allí, estoy allí”. Los dos primeros pasos corresponden a vuestra inspiración y los dos siguientes a vuestra espiración. Si practicáis de esta manera algunas semanas o algunos meses, os sentiréis mejor. La práctica consiste en entrar en contacto con los elementos que son maravillosos, refrescantes y curativos. En nuestra vida sin plena conciencia, tenemos tendencia a tomar en nosotros muchos elementos nocivos para nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

El Buda decía que nada puede sobrevivir sin alimento. Nuestra alegría no puede sobrevivir sin alimento; igual nuestra tristeza, igual nuestra desesperanza, nada puede sobrevivir sin alimento. Si tenemos mucha cólera, si tenemos mucha desesperanza, es porque las hemos nutrido con mucho alimento pues tenían necesidad de él. Si tenéis una depresión, el Buda aconseja mirar profundamente en la naturaleza de vuestra depresión para identificar la fuente de nutrición que habéis utilizado para aportároslo. Habéis vivido de tal manera que la depresión se ha convertido en una realidad ahora. Es pues muy importante mirar profundamente en la naturaleza de la depresión para identificar la clase de alimento que ha llevado la depresión a vosotros. Una vez identificado este alimento, cortáis esta fuente y vuestra depresión se desvanecerá al cabo de una semana o dos. En nuestra vida cotidiana sin plena conciencia, hemos nutrido nuestra cólera y nuestra desesperanza mirando las cosas, escuchando las cosas que son altamente tóxicas. Consumimos cada día muchas toxinas: lo que vemos en la televisión, lo que hemos leído en las revistas, pueden nutrir nuestra cólera, nuestra desesperación, y si respiramos con plena conciencia y realizamos que esto no es la clase de cosas que queremos consumir, entonces dejáis de consumirlas.

Esto es muy importante.
Hay cosas que tengo necesidad de consumir para tener una mejor salud física y mental. Lo que escucho cada día, lo que pienso cada día, lo que toco cada día tiene que ver con mi desesperanza, mi cólera, mis miedos. Vivir en plena conciencia quiere decir detenerse de ingerir estas clases de venenos. En su lugar, escogéis entrar en contacto con las cosas maravillosas, refrescantes y curativas que se encuentran en vosotros y a vuestro alrededor.

Momento maravilloso.
Tengo un ejercicio de respiración que quisiera ofreceros. Estoy seguro que en los momentos difíciles, si seguís este ejercicio os aliviará.

Inspiro, sé que inspiro.
Espiro, sé que espiro.
Inspiro, mi inspiración se vuelve más profunda.
Espiro, mi espiración se vuelve más dulce.

Estas cuatro frases pueden ser abreviadas así: dentro, fuera, más profunda, más dulce. Dentro quiere decir cuando inspiro, sé que es mi inspiración. Fuera quiere decir yo espiro, sé que es mi espiración. Estoy absorbido enteramente en mi inspiración y mi espiración. Tras un minuto de respirar así, tengo constancia de que la calidad de mi respiración ha mejorado. Pues más profunda, más dulce quiere decir que me he dado cuenta de que mi inspiración se vuelve más profunda, y me he dado cuenta de que mi espiración se ha hecho más dulce. Esto quiere decir que la calidad de vuestra respiración ha mejorado enormemente y que os sentís mejor en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu.

Inspirando me calmo, espirando me siento más cómodo. Inspirando sonrío, espirando me relajo. Inspirando, me instalo en el momento presente.

Espirando, siento que es un momento maravilloso. Calma, comodidad. Yo me calmo quiere decir yo calmo mi cuerpo porque no hay bastante paz en mi cuerpo. Entonces, inspirando, aporto los elementos de calma en mi cuerpo. Si tenéis una sensación o una emoción que os hace sentir menos en paz, entonces calmarse quiere decir calmar sus emociones y sus sensaciones. ”Inspirando, calmo mis emociones, espirando, me siento más cómodo”. Calma, comodidad, quiere decir ser ligero, relajado, nada es más importante que vuestro bienestar. Por eso “Inspirando sonrío, espirando me relajo”. Me relajo de esto que me hace sufrir, esta idea, este miedo, este agitación, esta cólera. Sonrisa y relajación. En último lugar “Inspirando me instalo en el momento presente. Espirando siento que es un momento maravilloso. Momento presente, momento maravilloso. Recordad, el Buda decía que el único momento disponible para la vida es el momento presente. Entonces, debo regresar al momento presente de manera que pueda tocar la vida profundamente, la vida con sus numerosas maravillas. Este ejercicio conlleva muchas palabras. Dentro - Fuera, Más profunda - Más dulce, Calma - Comodidad, Sonrisa - Relajación, Momento presente - Momento maravilloso. Una decena de palabras de manera que se pueda facilitar la memorización. Yo digo “Inspiro, sé que inspiro; espiro, sé que espiro; inspiro, sé que mi inspiración se vuelve más profunda; espiro, sé que mi espiración se ralentiza. Inspiro, calmo mi cuerpo y mis sensaciones. Espiro, me siento en paz conmigo mismo. Inspiro, sonrío a mí mismo. Espiro, relajo todo lo que me hace sufrir. Inspiro, me establezco en el momento presente. Espiro, sé que el momento presente es un momento maravilloso para vivir.

Las hemos puesto música y quisiéramos cantarlas para que las memoricéis fácilmente. Inspiro – espiro, más profunda – más dulce, calma – relax, sonrisa – libre, momento presente – momento maravilloso. ¿Debería cantarlo y que vosotros respirarais por mí? Por favor. Inspiro – espiro, más profunda – más dulce, calma – relax, sonrisa – libre, momento presente – momento maravilloso. Quisiera proponeros comenzar esta tarde por las dos primeras palabras, “Inspiro – espiro”. Inspiro, sé que inspiro. Espiro, sé que espiro.

Simplemente identificar el inspirar como el inspirar, y el espirar como el espirar, y nada más. Por ejemplo, esta estilográfica representa la longitud de mi inspiración. Comienzo mi inspiración en este extremo y la detengo en este otro. Supongamos que el movimiento de mi dedo a lo largo de la estilográfica representa mi plena conciencia.

Debo ser consciente de mi inspiración a todo lo largo de mi estilográfica. Así, la totalidad de mi inspiración se vuelve consciente, la totalidad de mi espiración se vuelve consciente y mientras dura no pensáis en nada, no pensáis en nada. Os concentráis simplemente en vuestra inspiración y después en vuestra espiración. Os volvéis uno con vuestra respiración. Sois vuestra inspiración. Sois vuestra espiración. No hay pensamientos. Es maravilloso y os gustaría quizá repetir este ejercicio varias veces, tres, cinco, diez veces. Sentiréis el placer de respirar de esta manera y sonreiréis, particularmente en el momento en que espiráis. Por favor,respirar conmigo algunos instantes...

La sonrisa como práctica.
Nuestra respiración es un puente que reúne nuestro cuerpo y nuestro espíritu. En nuestra vida cotidiana, nuestro cuerpo puede estar aquí y nuestro espíritu por ahí, desconectado. Nuestro cuerpo puede estar aquí y nuestro espíritu en cualquier parte, en el pasado o en el futuro. Este estado se llama estado de distracción. Pero entre el cuerpo y el espíritu hay algo y es la respiración. Cuando inspiráis y espiráis en plena conciencia, vuestro cuerpo se reúne con vuestro espíritu, tan sólo en algunos segundos. Cuando inspiráis y espiráis en plena conciencia, vuestro espíritu regresa a vuestro cuerpo y, a la vez, realizáis el estado de unidad del cuerpo y del espíritu y os volvéis muy presentes y muy vivos en el momento presente y podéis tocar la vida profundamente en ese momento. No es una cosa muy difícil. Todo el mundo puede hacerlo.

Sólo una inspiración y sólo una espiración y estáis allí, maestros de vosotros mismos y si continuáis así, la calidad de la respiración aumentará y os aportará mucha satisfacción. La calidad de vuestra respiración aumentará y es por esto que podéis haceros uno con la segunda línea del poema. “Inspiro, sé que mi inspiración se hace más profunda. Espiro, sé que mi espiración se hace más dulce”. Más profunda – más dulce. Inspiro – espiro. Más profunda – más dulce. La práctica de la respiración consciente se hace ahora más agradable. Tras dos o tres minutos de práctica “más profundo – más dulce”, pasad a “calma – relax”. “Inspiro, me calmo. Espiro, me relajo”. Este ejercicio puede ser utilizado cada vez que sentís que no hay suficiente calma en vuestro cuerpo o en vuestro espíritu. Permaneced con este ejercicio todo el tiempo que sea necesario para restablecer vuestra calma y vuestro bienestar. Para terminar, pasad al ejercicio cuatro. “Inspiro, sonrío; espiro, me relajo”. “¿Porqué debería sonreír si no hay alegría alguna en mí?” Sonreír es una práctica. Hay varios cientos de músculos en vuestro rostro y cuando estáis coléricos están tensos esos trescientos músculos. Cuando estáis coléricos, cuando tenéis miedo, están tensos y os sentís mal. Pero si sabéis cómo respirar y sonreír, la tensión puede irse directamente. Es lo que yo llamo el yoga de la boca. No debéis estar alegres para poder sonreír, porque es en sí mismo un ejercicio. Sonreíd simplemente, respirad y sonreíd y la tensión se irá y os sentiréis mejor. Nunca espero a estar alegre para sonreír. Sonrío y la alegría viene después. Hay momentos en los cuales la alegría produce la sonrisa. La sonrisa es la consecuencia. Pero hay momentos en los que producís una sonrisa como causa y entonces la relajación, la calma y la alegría se vuelven el efecto. Hay momentos en los que se hace muy oscuro en mi habitación, nadie puede verme, pero continúo practicando el sonreír a mí mismo. Me sonrío a mí mismo.

Quiero ser gentil conmigo mismo. Quiero amarme y cuidar de mí mismo. Porque sé que si no cuido de mí mismo, no podría cuidar a nadie más. Tener compasión de sí es una práctica muy importante. Cuando estáis fatigados, coléricos, desesperados, deberíais saber cómo retornar a vosotros mismos y cuidar de vuestra cólera, de vuestra desesperanza y en mi tradición se os dice exactamente lo que es preciso hacer en cada caso. Os hablaré todavía más de esto. Quisiera ahora compartir con vosotros algunas prácticas sobre el comer en la plena conciencia.

Comer en plena consciencia.
He observado que en América hay muchas cosas para poder comer. Hay muchos alimentos en América. En muchos otros países hay menos alimentos y las gentes pasan hambre. Sin embargo, aquí no tenéis tiempo de comer. Para la comida, la cena o el desayuno no tenéis mucho tiempo. Allá donde vivo, nos tomamos mucho tiempo para comer. Comer puede ser muy alegre y no es necesario comer mucho para tener buena salud. Nosotros comemos como una comunidad. Se tiene cuidado de sentarse armoniosamente, se espera que todo el mundo esté allí y se come todos juntos. Con cada comida practicamos las cinco contemplaciones. La primera contemplación es que el alimento es el don de la tierra, del cielo y de las personas que lo han cocinado. Esta es la primera práctica de la plena conciencia, ser consciente que esta comida viene directamente del cielo y de la tierra. Este alimento es el mensajero del universo y nosotros lo agradecemos.

La segunda contemplación es la de merecer esta comida. Es la práctica de un monje porque la comida ofrece amor. Estar simplemente atento a este bocado de judías: el cielo y la tierra se han tomado varios meses para producir este bocado de judías, este bocado de tofu o de zanahorias, y sólo la plena conciencia puede ayudarnos a ver que este bocado de judías, de tofu o de zanahorias es un milagro. Es una pena cuando se mira este bocado de zanahorias y no se lo puede ver como un milagro de la vida. No hay más que la energía de la plena conciencia para ayudarnos a ver esto. Es maravilloso. Podemos siempre tocar las maravillas de la vida en el aquí y el ahora. La forma de merecer este alimento es el comerlo conscientemente. Esto significa estar consciente de su presencia, testimoniarle gratitud y comer en la plena conciencia. Esto quiere decir que no debéis perderos en el bullicio, en vuestro miedo, en vuestra cólera, en el pasado y en el futuro. Estar allí por el alimento, porque el alimento está allí por vosotros. Simplemente ser equitativo. Entonces, estad allí completamente por el alimento porque él está allí por vosotros y comedlo en plena conciencia para merecer la tierra y el cielo.

La tercera contemplación es la de ser consciente de las actitudes negativas en nosotros. No dejarse llevar por las tendencias negativas y comer con moderación porque es muy importante comer sólo la cantidad necesaria. La cantidad necesaria es aquella que nos mantiene en buena salud. Comer demasiado no es bueno para nosotros ni para aquellos que amamos. En la Village des Pruniers, donde vivo, cada uno de nosotros tiene un bol y cada vez que nos servimos, sabemos exactamente la cantidad que realmente necesitamos. Este bol utilizado por los monjes y las monjas se llama el instrumento de la medida apropiada. Es pues muy importante saber la cantidad de alimento que necesitamos. Es muy importante no comer demasiado. Si coméis lentamente y masticáis minuciosamente, asimiláis todos los nutrientes, mejorará vuestra salud y dormiréis mejor.

La cuarta contemplación trata sobre la calidad del alimento. Hago el voto de no comer sino el alimento que me mantiene en buena salud y que desarrolla mi compasión. Esto es comer en plena conciencia. Estoy determinado a no tomar otros alimentos que aquellos que no aportan toxinas a mi cuerpo y a mi conciencia. Comeré de una manera tal que pueda preservar mi compasión. El Buda dijo que si coméis de una manera que destruyáis la compasión en vosotros, es como si comierais la carne de vuestro propio hijo o hija. Entonces comed de tal manera que la compasión esté viva en vosotros. Es una enseñanza y una práctica muy profunda y debemos continuar aprendiendo a hacerla correcta y profundamente.

La quinta contemplación es que recibo este alimento para poder realizar algo. Mi vida debe tener un sentido que es el de ayudar a los demás a sufrir menos, a entrar en contacto con las alegrías de la vida y esto puede ser realizado por todos.

Cuando tenéis la compasión en vuestro corazón, cuando sabéis que sois capaces de ayudar a alguien a sufrir menos, la vida comienza a tener un sentido y esto es un alimento muy importante y una sola persona puede ya hacer mucho. Una persona puede ayudar a muchos, muchos seres vivos a sufrir menos. La hermana que se siente detrás de mí, hermana Châng Không, ha trabajado por los pobres, los huérfanos, los hambrientos, ella ha ayudado a miles y miles de personas a sufrir menos, y esto le procura mucha alegría. Su vida tiene un sentido. Cada uno de nosotros puede hacerlo. En la mañana podéis decir una pequeña palabra que puede ayudar a alguien a sufrir menos. Esto da ya un sentido a nuestra vida.

En la tarde podemos hacer algo para que otras personas puedan sonreír sintiéndose mejor. Esto da un sentido a vuestra vida y esto es realizable en todas partes y en todo momento. Cuando decía que recibía esta comida para poder realizar algo, esto da un sentido a mi vida y cuando vuestra vida tiene un sentido, la alegría se convierte en una realidad y os volvéis instantáneamente un bodhisattva. Un bodhisattva es alguien que tiene la compasión en él y que tiene la capacidad de hacer sonreír a alguien o hacer sufrir menos a alguien en la mañana o la tarde. Cada uno de nosotros posee esta competencia. Entonces cuando todo un bocado de comida, sea con los palillos o con un tenedor, me tomo el tiempo de mirarlo, una fracción de segundo basta para identificarlo. Porque si estoy bien instalado en el momento presente, reconozco inmediatamente este bocado de comida, sea un bocado de judías, de zanahorias o de pan. Le sonrío, le introduzco en la boca y le mastico concentrado en esto. La plena conciencia es siempre la plena conciencia de alguna cosa y masticáis este alimento de tal manera que la vida sea posible, que la alegría sea posible, que la solidez y el no tener miedo sean posibles. Esto es una práctica muy profunda. Mirad a izquierda y a derecha. Ved a un hermano o a una hermana comer de esta forma y os sentís sostenidos en vuestra práctica de comer en plena conciencia. Después de unos veinte minutos, os sentís no sólo alimentados físicamente, sino también mental y espiritualmente.

La compasión es un factor de liberación.
Cualquier momento de vuestra vida, no importa cuál, puede ser un momento de práctica, incluso cuando debéis poneros en cola para buscar la comida o para ser contados.

Siempre podéis practicar “Inspiro, soy consciente. Espiro, sonrío”. No desperdiciéis ningún momento de vuestra vida y cada momento de vuestra vida deviene un momento para cultivar vuestra solidez, vuestra paz y vuestra alegría y tras algunos días veréis que la gente puede aprovechar vuestra presencia. Vuestra presencia puede devenir la presencia de un bodhisattva o de un santo. Cualquier cosa es posible.

Recuerdo una historia que leí cuando tenía siete años, la historia de Jataka concerniente a las vidas precedentes del Buda. En ese tiempo el Buda estaba en el Infierno. Había tocado el fondo de su sufrimiento y compartía su plaza con otro compañero y la persona que les vigilaba parecía no tener compasión alguna. El guardián parecía un ser humano pero no tenía el corazón de un ser humano. Tenía un pico y cada vez que la encarnación de una vida precedente del Buda o de su compañero no era lo bastante rápida, el guardián lo hundía en su pecho. Pero ellos no morían, no podían jamás morir. Sufrían pero no podían morir. Un día, el guardián estaba empujándoles para obligarles a transportar algo muy pesado y ellos no avanzaban lo suficientemente deprisa que el guardián quería. La encarnación del futuro Buda veía que su compañero estaba en el límite. En ese momento, algo nació en él. Quiso intervenir, quería protestar. Sabía que si intervenía, si protestaba, el guardián le hundiría el pico en su pecho. Si eso le conducía a la muerte entonces estaría muy contento de hacerlo, pero esta clase de castigo no conducía jamás a la muerte. Pero se revolvió y elevó su mirada con coraje.

Dijo: “¿No tenéis corazón? ¿Porqué no le dejáis más tiempo para transportar esto? Al escuchar esto el guardián clavó inmediatamente el pico en él y la encarnación del futuro Buda murió inmediatamente para renacer como ser humano. Habitualmente las gentes no morían con este castigo en el Infierno, pero esta intervención había tenido como fuente la compasión. El futuro Buda había visto la injusticia y al entrar en contacto con ella, la compasión nació en su corazón. Esto le dio valor para alzarse, para mirar a los ojos de su guardián y para intervenir a favor de su compañero de celda. Es por esto que él murió inmediatamente y renació bajo forma humana y a partir de esto practicó continuamente hasta convertirse en una persona completamente despierta, en un Buda. De esta manera, el Buda, en una vida precedente había tocado el fondo del sufrimiento y gracias a la compasión de su corazón emergió poco a poco de su situación. Yo he visto también mucho sufrimiento y os puedo afirmar que la compasión puede liberaros de las situaciones más difíciles. Es la energía de la compasión la que nos puede ayudar a salir de las situaciones difíciles. Sin compasión sufrimos enormemente y hacemos sufrir a los otros. Con la compasión nos podemos unir con los demás seres vivos. Podemos ayudar a los otros a sufrir menos. Podéis aportar el elemento de alegría en vuestro cuerpo, en vuestra conciencia y juntos podemos encontrar la paz y la alegría aquí y ahora.

En la cultura budista hablamos de Avalokitesvara, el Bodhisattva de la Compasión, de la escucha profunda. A veces el Bodhisattva se manifiesta bajo la forma de una mujer, otras veces bajo la forma de un hombre o de un niño o de un político, o de un esclavo, pero la característica de un Bodhisattva es la presencia de la compasión en su corazón. Una vez se manifestó bajo la forma de un fantasma hambriento con un rostro feroz, pero el interior de él siempre es un corazón pleno de compasión. Tenía necesidad de tomar la apariencia de un fantasma hambriento para poder ayudar a otros fantasmas hambrientos. Pero en realidad, hay mucha compasión en él. Muchos de entre nosotros estamos traumatizados por haber sido objeto de abusos o de ataques, pero nos queda siempre la compasión y la comprensión. A veces tenemos semblante cruel porque nos queremos proteger. No queremos ser víctimas de abusos y es por eso que actuamos como si no tuviéramos corazón.

Una vez habíamos encaminado unos barcos en el golfo de Siam para socorrer a los “Boat People”. Esta clase de trabajo era muy peligrosa porque hay muchos piratas, pero pensamos siempre que el mejor medio para protegerse era la compasión y la no violencia. Es por esto que durante el tiempo que realizamos este trabajo de socorrer a las gentes, no tuvimos jamás ningún fusil en nuestros barcos. Sólo teníamos la compasión. Según la enseñanza y la práctica que he seguido, la compasión es el mejor medio para protegerse. Si estáis habitados por la energía de la compasión, vivís en el entorno más seguro que existe. La compasión puede ser expresada por vuestros ojos, por la manera en que actuáis o reaccionáis, por la manera en que camináis, os sentáis, coméis y os comportáis con las otras personas, y esto es el mejor medio de protegerse.

La compasión puede ser contagiosa. Con la compasión podréis tener un amigo o dos, porque todos tenemos necesidad de compasión y de amor. Es verdaderamente maravilloso sentarse cerca de alguien que tiene la compasión en su corazón, y juntas, las dos personas se protegen la una a la otra y también a los demás. La compasión no sólo nos protege sino protege también a todo el mundo y es nuestra práctica cultivar la compasión en la vida cotidiana. Con la práctica de la compasión atraéis a un amigo, después a otro, después a otro y cuando la compasión está presente, el entorno se vuelve más agradable para vivir.

Para mí, la comprensión es la sustancia con la cual podemos fabricar la compasión. ¿De qué comprensión hablo? Comprender que las otras personas también sufren mucho. Cuando sufrimos, tenemos tendencia a creer que somos víctimas de alguien, que somos los únicos que sufren. No es verdad. Otras personas sufren también mucho. Cada uno tiene sus dificultades, sus sufrimientos, sus preocupaciones y si podemos verlo así, nuestra comprensión puede nacer y una vez la comprensión esté presente, la compasión es posible. Tenemos bastante tiempo para mirar en la situación de las otras personas. La persona puede ser un preso como nosotros o un guardián. Vemos mucho sufrimiento en él también. ¿Quizá no sepa él cómo curar sus sufrimientos? ¿Quizá deje crecer el sufrimiento cada día? Y porque él no sabe curar sus sufrimientos, él hace sufrir a sí mismo y también a los demás a su alrededor. Entonces con la vigilancia o la plena conciencia comenzáis a comprender y esto os conduce a la compasión. Con la compasión en vosotros, sufrís menos y estaréis entrenados para hacer o no hacer más algo que podría hacer sufrir menos a alguien. Vuestra forma de mirarle, vuestra forma de sonreírle, podría ya ayudarle a sufrir menos y a tener confianza en la compasión.

Describiría mi práctica como una práctica de cultivar la compasión y sé que la compasión no es posible sin la comprensión. La comprensión no es posible si no tomáis el tiempo de mirar profundamente. Para mí, meditar es mirar rofundamente para poder comprender. En el monasterio donde vivo, tenemos mucho tiempo para hacer el trabajo de mirar profundamente en las cárceles. Hay mucho tiempo y oportunidad para practicar la mirada profunda. Es un entorno muy favorable para practicar la mirada profunda para que la compasión pueda nacer como factor de liberación. Apuesto que si uno de vosotros o diez o veinte practican la mirada compasiva, transformaréis este lugar en muy poco tiempo. Podéis aportar el paraíso aquí porque creo que el paraíso es el lugar donde hay compasión y cuando tenéis la compasión en vuestro corazón -simplemente inspirar, espirar y mirar profundamente- entonces la comprensión llegará. Os comprendéis a vosotros mismos. Os amáis a vosotros mismos. Sabéis cómo ocuparos de vuestro dolor y de vosotros mismos. Luego ayudad a cualquier otro a hacer lo mismo y el amor entre vosotros dos se desarrollará y seréis el Buda, el bodhisattva que aporta la compasión alrededor de vosotros y transformaréis el infierno en paraíso. El Reino de Dios está aquí y ahora o no estará nunca, esto es muy verdad. ¿Y quizá vosotros, que tenéis más posibilidad de practicar que muchos de entre nosotros, no lo pensáis así?

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